Ante ti está el museo que guarda la mayor colección de orfebrería prehispánica del mundo, unas 34.000 piezas de oro y tumbaga. Pero esta parada no trata de vitrinas: trata del mito más persistente de la conquista de América.

1El hombre dorado

Los cronistas cuentan que, cuando moría el cacique de Guatavita, su heredero era untado con una masa pegajosa y cubierto de oro en polvo. Después, en una balsa, se adentraba en la laguna de Guatavita, al nordeste de Bogotá, y arrojaba oro y esmeraldas como ofrenda. Juan Rodríguez Freyle recogió el relato en «El Carnero», escrito hacia 1636. Según esas mismas fuentes, la ceremonia ya no se practicaba cuando llegaron los españoles.

De ese ritual nació El Dorado: primero un hombre, luego un reino y, al final, una ciudad de oro que expediciones salidas de Quito, Santa Marta y Coro buscaron durante generaciones sin encontrarla.

2La laguna vaciada

La codicia no esperó. Hernán Pérez de Quesada, hermano del fundador de Bogotá, intentó desaguar la laguna; más tarde, el comerciante Antonio de Sepúlveda abrió una gran brecha en su orilla, y una compañía inglesa la vació casi por completo a comienzos del siglo XX. El botín fue siempre escaso.

La prueba de que la ceremonia existió no salió de Guatavita: la balsa muisca que se exhibe aquí apareció en 1969 en una cueva de Pasca, dentro de una vasija de cerámica.

Hubo otra balsa, hallada en 1856 en la laguna de Siecha. Se vendió a un museo de Berlín y, según se cuenta, desapareció en el incendio del barco que la llevaba, en el puerto de Bremen.

3Qué debes observar

  • La fachada casi ciega del edificio, de 1968, obra del arquitecto Germán Samper.
  • El Parque Santander, antigua plaza de San Francisco.
  • La balsa muisca, si entras: mide apenas 19,5 cm, con el cacique en el centro rodeado de su séquito.
Balsa muisca de oro con el cacique y su séquito
La balsa muisca, hallada en Pasca en 1969, evoca la ceremonia que dio origen a la leyenda de El Dorado.

Documentado

La balsa muisca se halló en Pasca en 1969 y representa la ceremonia de investidura que describieron los cronistas.

Tradición oral

La ciudad de oro de El Dorado nunca existió: es una leyenda que los conquistadores construyeron a partir de la ceremonia muisca. La pérdida de la balsa de Siecha en Bremen se repite mucho, pero sin documentación clara.

Fuentes y créditos

Museo del Oro, Banco de la República (Banrepcultural); Juan Rodríguez Freyle, «El Carnero» (hacia 1636-1638); Liborio Zerda, «El Dorado» (1883).

Fotografías:

  • Edificio blanco del Museo del Oro en el Parque Santander: Felipe Restrepo Acosta, CC BY-SA 3.0.
  • Balsa muisca de oro con el cacique y su séquito: Tisquesusa, CC BY 4.0.

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