Ante ti está Rakushisha, la «cabaña de los caquis caídos». Pertenecía a Mukai Kyorai, uno de los discípulos más fieles de Matsuo Bashō, el gran maestro del haiku.

1Una cosecha que voló

El nombre tiene una historia que contó el propio Kyorai en un breve texto. En el jardín había unos cuarenta caquis. Un año, un comerciante le compró toda la cosecha y le pagó por adelantado. Esa misma noche, una tormenta tiró al suelo todos los frutos. Al día siguiente, el comerciante volvió desolado, y Kyorai, compadecido, le devolvió el dinero. A partir de entonces firmó como «Kyorai de Rakushisha». Es una anécdota contada por él mismo, no una leyenda, y resume bien el espíritu del haiku: aceptar con humor lo que se lleva el viento.

2Bashō en Sagano

Bashō se alojó aquí varias veces. En la primavera de 1691 pasó unas dos semanas en la cabaña y escribió el «Diario de Saga», donde anota visitas de amigos, paseos y poemas. Cuenta incluso que una noche durmieron cinco personas bajo una sola mosquitera.

La cabaña que ves no es la original: la reconstruyó en 1770 el poeta Inoue Jūkō, pariente de Kyorai, y no se sabe con exactitud dónde estaba la primera.

La tumba de Kyorai, una piedra pequeña y sencilla, está muy cerca, detrás de la cabaña.

3Qué debes observar

  • El tejado de paja, grueso y redondeado.
  • Los caquis del jardín, cargados de fruta naranja en otoño.
  • Las piedras con haikus grabados, junto a la entrada y en el jardín.

Documentado

Mukai Kyorai explicó el origen del nombre en su texto sobre Rakushisha; Bashō se alojó aquí en 1691 y escribió el «Diario de Saga», y la cabaña actual es una reconstrucción de 1770.

Fuentes y créditos

Asociación para la Conservación de Rakushisha, web oficial; Matsuo Bashō, «Saga nikki» (1691); Makoto Ueda, «Matsuo Bashō» (1970).

Fotografías:

  • La cabaña Rakushisha con tejado de paja, rodeada de caquis cargados de fruta: 江戸村のとくぞう, CC BY-SA 4.0.

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