Mira la forma de esta iglesia: es redonda porque se apoya en una torre romana circular. Estás junto a la fortaleza de Babilonia, el enclave que los romanos levantaron aquí, a orillas del Nilo, hacia el año 300.

1¿Por qué Babilonia?

El nombre desconcierta a todos los visitantes. El historiador griego Diodoro de Sicilia contó que unos prisioneros traídos de la Babilonia de Mesopotamia se rebelaron y fundaron aquí una fortaleza con el nombre de su tierra. El geógrafo Estrabón dio una versión parecida. Algunos estudiosos creen, en cambio, que el nombre procede de una antigua denominación egipcia del lugar deformada por los griegos. Nadie lo ha resuelto.

Lo que sí está documentado es que, en 641, tras un largo asedio, la fortaleza se rindió al ejército árabe de Amr ibn al-As. Así empezó la historia islámica de Egipto.

2La iglesia de los griegos

La iglesia pertenece al patriarcado griego ortodoxo de Alejandría. Su edificio actual es de principios del siglo XX, construido tras un incendio. Durante décadas, el agua subterránea inundó la base de las torres, hasta que un proyecto de drenaje la hizo bajar en torno al año 2000.

En un convento cercano dedicado al santo se muestra una cadena que, según la devoción popular, recuerda su martirio. Los fieles se la ciñen al cuerpo para pedir protección.

3Qué debes observar

  • Las franjas de ladrillo rojo entre los sillares, técnica típica de la construcción romana tardía.
  • La planta circular de la iglesia, calcada de la torre.
  • La escalinata que sube desde la calle.

Documentado

La iglesia se levanta sobre la torre norte de la fortaleza romana de Babilonia (hacia el año 300), que se rindió a los árabes en 641.

Tradición oral

La fundación por prisioneros babilonios procede de autores griegos antiguos y no está comprobada; la cadena del santo es objeto de devoción, no una reliquia documentada.

Fuentes y créditos

Diodoro de Sicilia, «Biblioteca histórica», libro I, 56; Peter Sheehan, «Babylon of Egypt: The Archaeology of Old Cairo and the Origins of the City» (2010); Estrabón, «Geografía», libro XVII.

Fotografías:

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